412. Dionisio Gutiérrez: El coro de la hipocresía iberoamericana

Julio 17, 2026
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El coro de la hipocresía iberoamericana

Editorial del programa 412 de Razón de Estado


América Latina vive atrapada en el conflicto, la pobreza y la devastación porque el voto equivocado le impone, con demasiada frecuencia, gobernantes corruptos y autoritarios, capitostes incompetentes como Petro, Sheinbaum, el de Brasilia, AMLO, Evo, Correa, y otros parecidos, que apadrinados por unos tales Zapatero y Sánchez, desde el otro lado del Atlántico —dos iguales o peores que sus socios—, intentan que nuestros países sean cautivos de la demagogia y la sumisión que produce pueblos de esclavos en lugar de naciones de ciudadanos. Y ni hablemos de las 3 dictaduras en nuestra región, que esperemos tengan sus días contados.     

¿Cómo no va a vivir la América Latina siempre al borde del despeñadero si quienes debiesen defender la república, proteger la democracia y honrar la libertad se comportan como mafias criminales y traficantes del Estado?

Petro, desgastado y venenoso hasta el final, se niega a respetar el resultado electoral porque perdió.

Sheinbaum, en México, se dedica a perfeccionar una nueva versión de la vieja dictadura perfecta. Electoral en la forma, asfixiante en el fondo. Populista, autoritaria y narcotraficante.

El de Brasilia, aferrado a un poder corrupto que administra dependencia, deuda y relato. Por el bien de Iberoamérica, esperemos que pierda en la próxima elección.

Todos ellos, en distintos tonos, son parte del mismo coro de la hipocresía iberoamericana. Hablan de soberanía mientras toleran tiranías, invocan derechos mientras relativizan cárceles con presos políticos, y se presentan como demócratas mientras hacen negocios con las dictaduras. En el fondo, prefieren el poder sin frenos.

Por eso, la causa venezolana importa mucho más que Venezuela. Allí se juega una verdad mayor sobre el destino moral de nuestra región. Venezuela representa la esperanza de que América Latina aprenda, por fin, a expulsar a sus verdugos en vez de acostumbrarse a ellos.

Por eso, deben tener éxito los políticos que gobiernan hoy en 16 países de la región y dicen defender la democracia liberal.

La salida digna es la misma de siempre: libertades civiles, instituciones serias, división de poderes y justicia independiente.

La república empieza donde el poder acepta límites, y la democracia empieza donde ningún gobernante, partido o uniforme está por encima de la ley. Esa es la batalla. Y si no la damos hasta el final, la tiranía del populismo volverá a enseñarnos que el precio de no defender la libertad es perder la nación.

 

 

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