A través de la historia de la humanidad, en sus momentos más difíciles y dolorosos, fueron los datos, la información correcta, el factor determinante que ayudó a vencer el miedo, tomar buenas decisiones y resolver las crisis.

A estas alturas de la pandemia, podemos afirmar que ya hay suficientes datos que permiten al mundo enfrentarla de una manera que alivie la crisis de salud sin destruir el sustento económico en la vida de las personas.

¿Cuáles son esos datos?

El Covid-19 es un virus nuevo, extremadamente contagioso y para el que todavía no hay medicina que lo neutralice ni vacuna que lo evite.

Según biólogos, médicos y científicos de gran prestigio, el riesgo de muerte para la inmensa mayoría de seres humanos, por el virus, es mínimo o inexistente.

Afirman también que más del 60% de los contagiados no presentan síntomas; que más del 80% de personas se curan del virus con facilidad; y que el riesgo de una grave crisis de salud o incluso de muerte se da en personas mayores de 70 años, con precondiciones serias y a las que no se les detecta el virus a tiempo.

Al principio de la pandemia sabíamos poco y se hicieron proyecciones hipotéticas muy pesimistas que, para nuestra suerte, fallaron. Con el paso del tiempo, hemos aprendido sobre la forma en que el virus ataca al cuerpo y la velocidad a la que avanza. Y los datos que han salido en los últimos días indican que en la mayoría de países hay que multiplicar por 50 y hasta por 100 veces el número oficial de contagios que se reportan; y por eso, menos mal, el porcentaje de mortalidad está cerca del 0.1% y no del 3 o 4 como se pensó.

Dicen los expertos que el hecho de que existan millones de contagiados y curados en el mundo tiene ventajas y presenta oportunidades; y es que, de hecho, aunque los gobiernos lo quieran evitar con los encierros, se está produciendo eso que llaman inmunidad colectiva; la que se obtiene por el contagio en la población no vulnerable, que es la inmensa mayoría, tal y como estudios en virología lo confirman.

La inmunidad colectiva resulta ser, según los científicos, el camino más efectivo para volver a una normalidad aceptable y que no lastime de manera tan brutal el diario vivir de las personas.

Estos científicos insisten en que las cuarentenas, en lugar de ser generales, deben ser puntuales y selectivas para proteger a los vulnerables; y que, además, es lo más conveniente para la salud y para la economía.

Este es el modelo sueco desde el inicio, y al que hoy, más atención le ponen las naciones del mundo por sus buenos resultados.

Ahora bien, también dicen los científicos que buscar la inmunidad colectiva no se trata de hacer fiesta y buscar el contagio como objetivo, pues sería irresponsable y peligroso. Se debe tener una estrategia inteligente y muy bien comunicada.

Los países que decidieron terminar la cuarentena y abrir su economía, aplicarán medidas de protección como distancia y mascarillas, y la higiene; y su prioridad será mantener un estricto cuidado y aislamiento para sus ciudadanos vulnerables.

Doctores y especialistas en cuidados intensivos, que llevan semanas enfrentando la crisis en la primera línea de fuego, coinciden en que la clave para controlar el virus y no destruir la economía está en los testeos y el rastreo. Insisten en el constante chequeo preventivo de la temperatura, y, en espacial, la saturación de oxígeno. Estos exámenes caseros y accesibles permiten detectar el virus en las primeras horas y salvar vidas.

Hace dos semanas no teníamos los datos y estadísticas que hoy motivan y permiten a Presidentes y Primeros Ministros del mundo reabrir sus economías y, al mismo tiempo, proteger la salud de la gente; pero, sobretodo, su derecho y libertad al trabajo, a la vida y a la lucha por el sustento diario.

Más que seguir de testigos de la tragedia diaria de esta pandemia, celebremos que la ciencia, la estadística y los datos empiezan a dar señales muy claras de que, una vez más, la especie humana prevalecerá y saldrá fortalecida.