Desafíos mundiales cada vez más graves y problemas regionales de índole política, económica y social imponen crear una agenda crítica que nos ponga en el camino del progreso.

El año 2012 terminó sin que se cumpliera el apocalipsis, estallara la guerra en Medio Oriente, explotara la debacle económica en Europa o Estados Unidos cayera en el precipicio fiscal. Claro está que estos siguen siendo riegos latentes. Cualquier cosa puede pasar en cualquier momento. Sin embargo, la historia enseña que el mundo, a pesar de todo, incluyendo guerras y conflictos que han costado muchas vidas humanas, ha superado sus crisis y resuelto sus peores momentos. La prueba es que aquí seguimos.

Hace dos años, el Carnegie Endowment for International Peace hizo un ejercicio creativo sobre los eventos y circunstancias que podrían impactar al mundo en los próximos 90 años para visualizar cómo llegaríamos a 2100, reconociendo que el mismo tenía un alto grado de especulación. Sin embargo, al revisar el trabajo dos años después, sus reflexiones merecen ser evaluadas. En especial, para seguir haciendo esfuerzos preventivos y promoviendo acciones que nos lleven a los escenarios más positivos. Entre los temas de este ejercicio, que no tienen un orden por importancia pues cada quien valora de forma distinta cada situación, según el Carnegie, algunos de los grandes problemas que afectarán nuestro planeta son los siguientes:

El calentamiento global y las consecuencias que sigue teniendo. La catástrofe provocada por el huracán Sandy en EE.UU. es un ejemplo.

En el mundo hay nueve países con armas nucleares. Hay 16 más que intentan producirlas. ¿Cómo llegaremos a 2100? ¿Con nueve, 25 o ningún país nuclear? ¿Qué consecuencias habrá?

La región debe construir un modelo de desarrollo propio que le permita crecer equilibradamente y con una democracia eficaz.

– ¿Cómo estará la democracia en el mundo en 2100? ¿Habrán prevalecido las democracias como las de Occidente o tendremos más regímenes autoritarios como el de la China o la Rusia de hoy?- Distribución de clases sociales. ¿Continuará la expansión de la clase media o serán la desigualdad y la exclusión las tendencias dominantes?

– Islamismo

¿Se consolidará el islam como una fuente de fricciones y conflictos o se convertirá?

– Futuro de Internet

¿Cómo se evitará que el ciberespacio se use como fuerza destructiva?

– Estados fallidos

¿Serán los Estados fallidos y la desaparición de naciones una característica del siglo XXI?

– Globalización

¿Se profundizará la globalización? o ¿los desajustes y convulsiones sociales que produce, nu-

trirán el nacionalismo y el proteccionismo?

– Concentración del poder.

El poder económico, político, militar y social, ¿estará más o menos concentrado de lo que está hoy?

Sin duda, son temas que ocuparán a la humanidad en los próximos años. Ahora bien, ¿qué pasará en regiones como Centroamérica, el Caribe y América del Sur que enfrentan, además de los desafíos mundiales, problemas políticos, conflictividad social y falta de crecimiento?

La respuesta está en las élites y las juventudes de cada sociedad. Y la solución está en que cada nación encuentre su modelo de desarrollo y sistema político que mejor responda a los retos de estabilidad política, certeza jurídica, atracción de inversión, crecimiento económico y solución a los problemas sociales. Se dice fácil, pero es la cruda realidad. O despiertan los líderes y dirigentes de las sociedades de los países con problemas y toman control de su destino, o llegarán a 2100 en la lista de países fracasados, fallidos y olvidados.