Editorial del programa 410 de Razón de Estado
Cuba, Nicaragua y Venezuela son tragedias que ya no admiten análisis tibios ni diplomacias cobardes. Sufren dictaduras exhaustas, sistemas de saqueo, estructuras de poder criminal cuya única destreza comprobada ha sido reprimir, robar y traficar con todo aquello que degrada a una nación. Como si no fuera suficiente el peso de una tiranía brutal, los venezolanos padecen hoy, además, una tragedia humanitaria devastadora.
Para ellos va nuestra solidaridad, nuestro respeto y nuestro abrazo moral con un deseo claro y urgente porque Venezuela recupere pronto la libertad, la democracia, las instituciones de la república y la dignidad que una mafia infame le ha robado. Lo más intolerable no es solo la miseria material, sino la ruina moral que estos sistemas han sembrado. Cuando el ciudadano pierde la casa, el negocio, la salud o el pan, todavía queda la esperanza de la solidaridad, pero cuando las fuerzas del Estado, uniformados y funcionarios, se comportan como cuadrillas de rapiña, el desastre adquiere el carácter infame de una sociedad entregada al pillaje de quienes debían protegerla.
Por eso, estas dictaduras deben ser expulsadas del poder y sus responsables deben ser procesados. Estas tiranías ya probaron hasta el cansancio su absoluta ineptitud para gobernar. Lo único que dominan con eficacia es la represión, la propaganda, la extorsión y los trapicheos oscuros que florecen cuando la ley desaparece y el miedo se vuelve norma.
Venezuela, con las mayores reservas de petróleo del mundo, ha sido llevada al colapso por años de negligencia, riesgo político e infraestructura arruinada. Cuba, atrapada entre la escasez, el control militar de la economía y la asfixia de sus libertades, sigue castigando a la población mientras la élite protege sus circuitos de privilegio. A las víctimas de estos países, a las familias rotas, a los presos, a los perseguidos, a los que han perdido hijos, hogares, negocios, patria y tiempo de vida les corresponde solidaridad activa, memoria fiel y justicia futura. Su dolor no debe ser administrado por políticos cobardes ni por propagandistas del apaciguamiento.
El sufrimiento de venezolanos y cubanos debe acelerar la llegada de la democracia con instituciones respetables, con división de poderes, jueces independientes, prensa libre, ley verdadera, libertad económica. No hay otro camino serio para reconstruir nación. La libertad no es un lujo, es el único suelo firme sobre el que puede volver a levantarse una sociedad arrasada.
Cuba, Nicaragua y Venezuela no necesitan otra promesa, ni otro caudillo, ni otro uniforme con discurso de redención. Necesitan república, verdad, justicia y libertad.