408. Dionisio Gutiérrez: La fábrica de frustración

Junio 22, 2026
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408. Dionisio Gutiérrez: La fábrica de frustración

Editorial del programa 408 de Razón de Estado


La política en América Latina es una fábrica de frustración. Es disfuncional porque no resuelve; insuficiente porque no está a la altura del daño; moralmente pobre, porque ha degradado la verdad pública y corrupta porque, en demasiados casos, convirtió el poder en botín, la ley en instrumento y la pobreza en clientela. A pesar de celebrar elecciones frecuentes, nuestra región sufre una profunda fatiga cívica.

En Perú y Colombia, los candidatos perdedores de la izquierda radical, populista y autoritaria, incapaces de aceptar la derrota, intoxican la legitimidad del sistema. Porque cuando perder es inadmisible, la democracia se vuelve un trámite revocable. Los millones de ciudadanos que siguen votando por quienes prometen redención con el mismo libreto que produce pobreza, inseguridad y servidumbre, lo hacen convocados por la demagogia, las promesas falsas y la pedagogía del resentimiento. Mentiras elementales que representan el gran negocio electoral de América Latina. 

¿Dónde quedan la iniciativa, el esfuerzo, el mérito y la capacidad? ¿Cómo volver a la economía de mercado y la competencia, al respeto a la ley y a la propiedad? ¿Cuándo aprenderemos que la libertad es el fundamento de la prosperidad? Por eso ofende ver a un tal Evo, Sheinbaum, Petro Sánchez y otros que, además de pretender serlo, encubren dictaduras criminales con doble moral y triple indecencia.

Estos vendedores de espejismos hipócritas geopolíticos hablan en nombre de los humildes mientras concentran poder, degradan el debate y erosionan la responsabilidad personal. Son redentores de pacotilla, enfermos del poder, destructores de naciones. La libertad sobrevive solo si se la defiende cada día en las urnas, en las instituciones, en la conversación pública y en la cultura cívica. Y la democracia no funciona si los ciudadanos se comportan como clientes, tribus o fanáticos.

Funciona solo si se comportan como ciudadanos con todas sus letras. Eso exige exigir más. Mejores partidos, mejores candidatos, mejores ideas y menos charlatanes y más Estado de derecho. Exige liberar Cuba, Nicaragua y Venezuela, no como consigna romántica, sino como condición moral y política. 

Latinoamericanos: no entreguen en sus países a quienes trafican con el miedo, la envidia y la mentira. No premien a los que incendian la cancha cuando pierden, ni a los que llaman justicia a la dependencia. Exijan estadistas, gente honesta y capaz que entienda que el poder no está para domesticar ciudadanos, sino para proteger sus libertades y su dignidad. 

El futuro de América Latina no nacerá de otro caudillo, sino del día en que sus pueblos decidan dejar de arrodillarse ante ellos.

 

 

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