Editorial del programa Razón de Estado número 90

El 10 de mayo, hace 17 días, fue el día de la madre; y muchos salieron a celebrarlo, o al menos, se reunieron en familia para darse un abrazo y hacer un paréntesis a la pesadilla que estamos viviendo.

Resulta que el número de contagios subió esta semana; 14 días después; los días que tarda ese ingrato virus en demostrar su poder.

Después de varios meses, seguimos buscando razones y sentido a esta locura; un esfuerzo en el que no estamos solos, pues, científicos de todas las ciencias y artes, están en lo mismo, y siguen con las mismas dudas que todos tenemos: ¿qué tan contagioso es el virus realmente?, ¿por qué a algunos les hace tanto daño, o incluso los mata?, ¿qué medicinas funcionan?, ¿cuándo estará la vacuna?, ¿por qué tanta gente no tiene síntomas?, ¿hay inmunidad después del contagio?

La falta de respuestas claras y convincentes genera miedo; otro virus malo para la salud.

En todas las pandemias de la historia, hasta que pasan, los contagios suben y bajan en gradas, pero los números siempre van para arriba; y cuando se controlan, después de un tiempo, vienen la segunda y la tercera ola de contagios; y no queda alternativa que enfrentarlas hasta que llegue la inmunidad. Por contagio superado o por vacuna.

Se entiende que los gobiernos de países subdesarrollados quieran evitar que los hospitales colapsen; pero las pandemias no perdonan.

Los encierros son condenas a muerte por hambre. La gente saldrá a buscarse la vida.

Por eso, la métrica con que los gobiernos miden el éxito no puede ser la tendencia del contagio porque ésta siempre va para arriba; y si la quieren bajar con encierros largos y toques de queda hacen más daño del que quieren evitar.

La métrica del éxito es aprender a cuidarnos y evitar al máximo las muertes.

¿Cuánto tiempo usamos cada día para informarnos sobre la pandemia y el virus, sobre las tendencias, los modelos y las proyecciones de contagio; o las muertes?

Lo que está claro es que no podemos encerrarnos dos años. Tendremos que aprender a vivir con el virus al mismo tiempo que continuamos con la vida. Y mientras llega la inmunidad, cuidar la salud al mismo tiempo que trabajamos para sobrevivir serán los retos que debemos enfrentar.

La paradoja es que esto es hoy una contradicción, y, además, una amenaza; pero ¿qué opción tenemos? Científicos de todas las ciencias y artes, cada día más, coinciden en que la única opción es vivir y trabajar cuidando nuestra salud.

La lección más grande de esta crisis se llama humildad. No estamos a la altura para enfrentar a la Madre Naturaleza. En 4,500 millones de años, las ha ganado todas.

Lo que sí está en nuestras manos es enfrentar esta crisis con dignidad, unidad y solidaridad. Con respeto, responsabilidad y decisión para convertir una sociedad fracturada en un país resiliente.