Centroamérica diagnóstico, pronóstico y veredicto

Enero 01, 2012
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Dionisio Gutiérrez expone la razones por las cuales Centroamérica presenta resultados con poco avance y desarrollo.

Tenemos que encontrar esa palanca, ese motivo que nos levanta cada mañana y que nos permite creer en nosotros mismos y en nuestro potencial.

Si analizamos los números fríos de Centroamérica, su crecimiento económico neto, su pobreza, su violencia, su disfunción institucional, su situación fiscal, su mediocridad política y la falta de compromiso ciudadano, tendremos una idea de por qué tenemos números que asustan al mundo y por qué calificamos tan mal en todas la tablas de comparación de subdesarrollo, democracia y Estados fallidos.

El diagnóstico indica que la situación es seria. El pronóstico es lo que dicen los expertos sobre el estado de cosas y las medicinas que debemos tomar; el veredicto solo debiéramos darlo los centroamericanos. Para la región, entre el diagnóstico y el pronóstico, que están relacionados, hay una gran diferencia con el veredicto. Hay un espacio enorme, y es el uso de nuestra libertad y nuestra potencialidad como seres humanos para que, a pesar de nuestro pasado, estemos conscientes de que podemos crear nuestro futuro. Está bien que el pasado nos informe, por supuesto, pero que no nos determine.

La opinión del primer mundo sobre Centroamericano es la mejor. Analizamos su diagnóstico, escuchamos su pronóstico pero no aceptamos su veredicto.

Sin duda, la situación centroamericana es compleja y preocupante. Guatemala, El Salvador y Honduras son considerados países en cuidados intensivos. Nicaragua, por el momento, un paso después, aunque muchos no lo vean. Y Costa Rica, con un vecindario tan mediocre y sus propios problemas internos, corre peligro.

Este análisis, que se puede considerar pesimista, es como todo, relativo y circunstancial. Dentro de 100 años es probable que Centroamérica haya resuelto la mayor parte de sus problemas.

El desafío es para las generaciones que hoy sufren lo mal administrados que están sus países; claro está, también por su propia responsabilidad.

No hipotecar el futuro.
La situación de Centroamérica es compleja. El desafío es para las generaciones que hoy sufren la mala administración de sus países.

El problema que tenemos en la región es de visión. Visión estratégica de largo plazo. Estamos perdidos en el presente; en la coyuntura y sus conflictos diarios.

El sistema político está divorciado del modelo de desarrollo, cuando uno sin el otro no pueden existir.

La política va por su lado y la discusión del modelo de desarrollo de la región es la gran ausente en las mesas del debate público.

La necesidad de una visión estratégica está dada porque, como vemos, el futuro determina cómo vivimos el presente. Si creemos en un futuro que ilusione, que motive cada día a actuar con fuerza, energía y pasión, no hay nada que nos detenga.

Es absurdo que pretendamos que las circunstancias mejoren si no estamos dispuestos a mejorar nosotros mismos. Y ahí está la clave. Ser creativos, comprometernos y desarrollar visión, confianza y actuar estratégico nos dará buenos resultados.

El desafío de la región es desarrollar capacidad de respuesta y luchar. Está en juego su futuro.

Ahora bien, es cada día más común que se crea que los éxitos suceden solos; se ha perdido la cultura del esfuerzo, la cultura del trabajo y el sacrificio. Llegar a la meta cuesta, y la región que habitamos se quedó atrás y está golpeada, pero necesita despertar.

El ser humano necesita esforzarse por aquello que merece la pena en la vida. Y para esto, la actitud, que es cómo nos posicionamos ante la vida, es fundamental. Es cierto que las circunstancias nos afectan pero no nos determinan. Si realmente creemos que podemos, vamos a poder.

La clave del presente es la pasión con que veamos el futuro. Tenemos que encontrar esa palanca, ese motivo que nos levanta cada mañana y que nos permite creer en nosotros mismos y en nuestro potencial. Por eso, el estado de ánimo y la actitud son clave. No debemos ver problemas sino desafíos. La vida nos pide que demos la talla que por naturaleza tenemos. Cuando una persona está realmente comprometida con algo, es cuando emerge la grandeza que hay en el ser humano.//

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