Dionisio Gutiérrez habla desde su perspectiva de los escenarios políticos y económicos con los que cerraron los países de América Latina en el 2015.

América Latina tendrá que redoblar esfuerzos para consolidar sus democracias y promover que sus ciudadanos se empoderen para defender con más determinación sus libertades civiles.

Hay cuatro países de América Latina que terminaron el 2015 con circunstancias extraordinarias y tienen todos los in- gredientes para tener un 2016 lleno de sobresaltos, desafíos y oportunidades.

En el resto de la región se mantienen ciertas tendencias y escenarios en la política y la economía que prolongan el statuquo.

Guatemala terminó el 2015 con “la mitad” del go- bierno en la cárcel, con un despertar ciudadano que entusiasma y con un nuevo gobierno que subió el es- tándar en la forma de gestionar la cosa pública. Gua- temala podría estar en el inicio de una nueva era si se mantiene el apoyo de Naciones Unidas con la Comisión contra la Impunidad, Cicig; si la Fiscal General sigue “a la carga” contra corruptos y bandidos, que son muchos; si los ciudadanos mantienen la vigilancia, la presión y la presencia en las calles cuando sea necesario y si, en especial, los guatemaltecos logran hacer realidad las reformas que su país necesita. Si los guatemaltecos son capaces de estas hazañas, podríamos ver en este importante país centroamericano la revolución política que quisiéramos para toda América Latina.

Venezuela fue la sorpresa de diciembre. La oposición a la dictadura chavista y probablemente más de tres millones de sus seguidores se cansaron de la mentira y la locura del “chavismo”, y decidieron votar masivamente contra el gobierno, dando mayoría opositora al Congreso para cambiar el modelo autoritario que tiene secuestrada la democracia venezolana. Es evidente que la dictadura no esperaba semejante derrota, y el ti- rano y sus secuaces ya están manipulando, retorciendo y estirando la pita hasta que la romperán. La era del «chavismo» está en la etapa final pero habrá que ver el costo que tendrá terminar con esa pesadilla.

Brasil, el gigante del sur, hizo evidente la debilidad de su modelo político, la ausencia de estado de derecho y el daño que hacen la corrupción y el populismo. Si pasan el 2016 sin que pase nada, Brasil estaría entrando a un periodo de profundo deterioro político y económico. Brasil necesita rescatar su sistema político, vitalizar su sistema de justicia y arrancar la gran maquinaria económica que tiene, para ser como le corresponde, una potencia. Y para esto, hará falta gente “importante” en la cárcel, participación de sus mejores técnicos y estadistas, y participación ciudadana.

Argentina terminó bien el Haber liquidado la desqui- ciada y decadente presidencia de la dama es una buena noticia para el mundo. El presidente Macri tiene una oportunidad histórica pues los desvíos de los Kirchner casi destruyen Argentina; hoy, necesitada de reformas de fondo y liderazgo.

Estados Unidos, en año electoral, dará mucho de que hablar; en especial, porque el mundo pasa por un momento delicado. La economía no levanta. La ame- naza terrorista aumenta. Hay tensiones entre países que deben ser aliados para enfrentar los arrebatos de Rusia, los excesos de China y los locuras de Corea del Norte. Pero en especial, el mundo civilizado debe unir esfuerzos para enfrentar al “estado islámico” y a otros grupos terroristas o incluso “países” de Medio Oriente, que buscan la destrucción de occidente.

Más allá de los problemas globales, si en nuestra región queremos dar al 2016 sabor a victoria, América Latina tendrá que redoblar esfuerzos para consolidar sus democracias y promover que sus ciudadanos se em- poderen para defender con más fuerza y determinación sus libertades civiles y su derecho al progreso y bienes- tar. Sus elites deberán despertar y dar valor agregado a sus economías, combatir la pobreza, formar bloques económicos más grandes y asumir los liderazgos que, hace tiempo, América Latina espera de ellas.

en_193