Dionisio Gutiérrez hace un análisis sobre una conspiración contra algunos políticos guatemaltecos que eran acosados, perseguidos y agredidos previo a las elecciones de 1995.

Por Prensa Libre

Algunos miembros de la clase política guatemalteca se sienten acosados, perseguidos, agredidos y víctimas de una conspiración cuyo objetivo es “desprestigiarlos” para ganarles las elecciones de 1995, dijo el conocido empresario Dionisio Gutiérrez en el programa de televisión Libre Encuentro, transmitido por Canal 13.

Otra parte de la conspiración sería promover un golpe de Estado si la estrategia del desprestigio no funcionara, añadió.

Las declaraciones fueron vertidas en el editorial de Libre Encuentro. El señor Gutiérrez responde así a las alusiones que de él fueron hechas en una publicación semanal.

  • El editorial añade

“Esta fantástica conspiración estaría promovida y financiada por un grupo de empresarios que primero tomarían el control de los medios de comunicación, luego algunos partidos políticos, y problema resuelto.

La parte este capítulo que nos trae ante ustedes, es que desde hace tiempo con alguna insistencia involucran a la Cámara de la Libre Empresa y a Libre Encuentro y a su director, en este pintoresco complot.

Por esta razón decidimos hacer unos comentarios al respecto:

Nos parece que esa conspiración sólo existe en la mente de todos esos políticos que tienen la cola tan larga y la conciencia tan sucia, que sienten que hasta su misma sombra los persigue.

Le tienen pánico a la competencia, que además de ser necesaria, sería legítima, pues por los resultados, ya sería hora de que nuevos guatemaltecos relevaran a esta clase política que ha demostrado además de abuso, incapacidad total para resolver problemas nacionales.

¿O es que esta autollamada clase política, que ya se convirtió en clase, se cree con el monopolio de la participación y el privilegio de seguir desgobernando?

Sería tiempo ya que descubriera, que lejos de ser parte de la solución a la grave realidad guatemalteca, cada día se hace más obvio que son parte central del problema.

Así, sería altamente peligroso unir el prestigio o desprestigio de la clase política a la institucionalidad del país o al respeto que merecen las instituciones democráticas.

Como también sería ridículo pensar que por atacar a la clase política, alguien se lleve de corbata al sistema democrático.

Si los ataques son merecidos, quienes tendrían que cambiar de actitud en todo caso ¿no serían los políticos?

Si los ataques son injustos, el pueblo debiera decir, pobres políticos, hay que defenderlos y así el sistema de