La humanidad vive horas difíciles. Presidentes, profesionales de la salud, empresarios y líderes de la sociedad con sentido de responsabilidad viven horas de soledad y angustia; intentando aliviar, dar respuesta, resolver y vencer a un enemigo que intenta enfermarnos; y cuando nos defendemos, nos expone a morirnos de hambre.

El virus que nos amenaza es nuevo; y aunque ya sabemos suficiente sobre él, todavía estamos aprendiendo cómo enfrentarlo, y más aún, cómo vencerlo.

Por su agresividad, ganar tiempo en cuarentena nos permite saber más y encontrar las medidas preventivas y la medicina para pelear y ganar. Una de las claves está en las pruebas que identifican a los contagiados para proteger a los demás.

Del Covid 19 sabemos, aunque sea terrible y doloroso, que el problema no es tanto su mortalidad como su propagación. Hasta los hospitales del primer mundo colapsan cuando el contagio es excesivo.

Esta es una de tantas pandemias que la humanidad ha enfrentado a lo largo de su historia; pandemias que dejaron millones de muertos, sufrimiento y devastación. Y el mundo siguió adelante.

Hoy, por primera vez en la historia, enfrentamos una pandemia, a la que se suma un arma que, mal utilizada, pude ser letal: Las redes sociales.

Nunca se había vivido una pandemia en la que se cuentan contagios y muertes casi en tiempo real. Todos los medios, en todos los países dan cuenta de esto por minuto. Y muchas veces, como sus lectores o su audiencia, sin conocimiento y sin contexto

Esta dinámica provoca el contagio de otro virus: el miedo.

El planeta entero está enfocado en el seguimiento de los más de 47.000 muertos por el virus; pensando que ésta es una cifra catastrófica; y lo es; pero, para ser responsables y consistentes, sabía usted que en lo que va del año, han muerto casi 100 veces más seres humanos por hambre, 10 veces más por enfermedades infecciosas y 5 veces más por la influenza. Sabía usted que, en los últimos 3 meses, casi 2 millones de personas en el mundo han muerto por cáncer.

Es cierto que las causas de muchas de estas muertes no son por el contagio de un virus; y menos éste, que por su velocidad desborda Estados, hospitales y sociedades.

El drama y la complejidad de la pandemia que enfrentamos es que amenaza dos dimensiones de nuestra vida: La salud y la economía.

El virus atacó a traición en enero e infectó a miles de seres humanos. En lo que reaccionaron los gobiernos, avanzó tanto que obligó a tomar medidas de encierro y cuarentena.

Los doctores han dicho la verdad. La distancia y el encierro, además del testeo, son el protocolo para controlar el contagio. Y lo importante es hacerlo en el menor tiempo posible para evitar que cualquiera de las dos dimensiones de la pandemia nos derrote: El virus o el hambre.

La salud y la economía son dos elementos tan básicos como indispensables para la sobrevivencia. Por eso, la importancia de cuidarnos los próximos 11 días, hasta el 12 de abril; fecha en la que muchos países del mundo se proponen salir a trabajar para salvar la economía y recuperar el sustento diario.

¿Es esto para lo que debemos estar preparados?

Si antes de la pandemia llegaron a morir más de 10 millones de seres humanos en 12 meses por hambre, ¿qué puede suceder con una economía en cuarentena prolongada?  Y no olvidemos que el quebrantamiento del orden público es otra amenaza.

Este virus es muy malo y hay que protegerse de él; pero todos sabemos que encerrarse un año no resuelve el problema porque las cuarentenas no matan los virus.

Este virus, como otros, llegó para quedarse. Es el cuerpo humano el que lo puede vencer; con la prevención y la medicina. Por eso, es indispensable que gobierno y sociedad fortalezcan su sistema de salud.

El mundo jamás regresará a lo que fue antes de la pandemia. Lo que viene es una nueva normalidad que exigirá una nueva cultura, distancia social, todos los cuidados posibles para evitar el contagio; y, especialmente, hará imprescindible el aislamiento y la protección de nuestros ancianos y personas vulnerables hasta que la medicina ponga al virus en orden.

La evidencia que presentan los países que llevan varios meses con la pandemia indica que son los ancianos y personas vulnerables quienes corren riesgos; y por eso, el resto de la sociedad; por necesidad, para enfrentar la batalla económica de esta guerra; y después de la cuarentena para reducir el contagio, está dispuesta a pelear contra el virus en la calle.

Los químicos y las vacunas tardarán de 8 a 18 meses para dar resultados efectivos. A las economías paralizadas les quedan días para que empiecen a dar más problemas que la pandemia.

Por eso, tarde o temprano tendremos que salir a trabajar para comer; y será mejor que sea temprano. Para eso nos debemos preparar. O como afirman miles de expertos en el mundo; si manejamos mal los tiempos, tanto en la salud como en la economía, “el remedio saldrá peor que la enfermedad”.

La relevancia de plantear estos temas complejos y con tiempo suficiente para reflexionar es que no hay respuesta fácil y mucho menos solución a la vista. Esto es una guerra de dos dimensiones, que no pedimos; pero los seres humanos, aunque no queramos, tendremos que enfrentarla en los dos campos de batalla. La salud y la economía.

Somos las generaciones a las que tocó esta pandemia. Hagámosle frente con valentía y dignidad. Con respeto, solidaridad y humanidad. Y tomemos la decisión de vivir y luchar juntos hasta la victoria.