393. Dionisio Gutiérrez: Occidente debe ser faro de libertad

Marzo 06, 2026
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393. Dionisio Gutiérrez: Occidente debe ser faro de libertad

Editorial del programa 393 de Razón de Estado


Hay momentos en la historia en que el mundo parece sostener la respiración. No por asombro, sino por incertidumbre. El Occidente libre, faro en su día del orden internacional, está hoy distanciado de sí mismo, dividido en debates internos mientras las sombras avanzan.

La cobarde invasión de Putin a Ucrania continúa; y aunque la resistencia ucraniana ha sido heroica, el conflicto prolongado erosiona voluntades, fatiga alianzas y prueba la consistencia moral de quienes dicen defender la libertad. No basta condenar la agresión, hay que sostener la defensa.

En el Medio Oriente, la pólvora nunca termina de enfriarse. Allí la paz es siempre provisional y la guerra tentación recurrente. Las fracturas religiosas, las ambiciones regionales y los grupos terroristas convierten cualquier chispa en incendio. El mundo sabe que un descuido en esa región puede alterar el tablero global.

Cuba y Venezuela están en las puertas de la libertad después de dos horrendas dictaduras, pero falta que den el paso final, al que se debe sumar Nicaragua. México, Brasil y Colombia, tres grandes de América Latina, deben volver a la senda de la democracia liberal para que esta región tenga futuro.  

Mientras tanto, la economía global sigue con crecimientos débiles, inflación persistente, deuda acumulada y falta de oportunidades. La prosperidad ya no parece promesa segura. Y cuando la economía tiembla, la política se radicaliza; cuando el bienestar se estanca, el populismo encuentra tierra fértil.

Pero quizá el síntoma más preocupante no sea militar ni económico, sino moral. La democracia, como sistema de convivencia, se debilita. En demasiados países, la división de poderes es violentada, la independencia judicial es atropellada y la libertad de prensa es perseguida. Las élites abdicaron de su función dirigente.

Este no es un mundo carente de tecnología ni de información; es un mundo huérfano de estadistas. Faltan líderes capaces de articular una visión coherente y acorde a los tiempos para el Occidente libre. Faltan voces que recuerden que la paz no es ingenuidad, sino equilibrio firme; que el crecimiento no es consigna, sino consecuencia de instituciones sólidas; que la prosperidad no nace del decreto, sino del trabajo en libertad.

Occidente necesita reencontrarse consigo mismo. No para imponer su modelo, sino para sostenerlo con coherencia. La historia no suele ser indulgente con las civilizaciones que olvidan los principios que las hicieron grandes.

La paz, el crecimiento, el desarrollo y la prosperidad son conquistas que deben renovarse y a las que solo se puede llegar por el camino de la democracia, la ley y la libertad.

 

 

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