381. Dionisio Gutiérrez: Llegó la hora de verse al espejo

Diciembre 15, 2025
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381. Dionisio Gutiérrez: Llegó la hora de verse al espejo

Editorial del programa 381 de Razón de Estado


Hay momentos en la vida de las naciones en los que los ciudadanos deben mirarse al espejo y preguntarse quiénes son, quiénes desean ser. Hoy vivimos uno de esos momentos. En demasiados de nuestros países, la libertad, esa llama frágil y sagrada, está siendo asfixiada por manos que nunca debieron tocarla.

Tenemos en América Latina demasiados gobiernos que se llaman populares, caudillos que se dicen salvadores, tiranos que se creen imprescindibles. Todos ellos enfermos del alma, sociópatas del poder, están convencidos de que los pueblos existen para servirles.

La libertad no es un lujo, es el fundamento de la dignidad humana. La libertad de pensar, de hablar, de crear, de disentir, de elegir. Libertad para que la economía funcione. Libertad de esa que nace del Estado de derecho y la división de poderes. Los pueblos que la han perdido conocen esta verdad con dolor.

Bajo las tiranías, la vida vale poco; la ley se vuelve garrote; la justicia, servidumbre; la verdad, pecado. No hay mérito que sirva ni esfuerzo que baste. El ciudadano deja de ser ciudadano y se vuelve rehén de la voluntad del déspota. Quienes creen que todavía viven en democracias deben estar alerta.

La libertad no muere de un solo golpe. Muere por abandono, por indiferencia, por cansancio. Muere cuando se tolera la corrupción. Cuando se normaliza la mentira. Cuando se renuncia a exigir cuentas. Una democracia sin ciudadanos vigilantes es una dictadura a medio construir. Por eso es imperioso defender los valores de la libertad, la justicia independiente, la prensa crítica, la educación que enseña a pensar y no a obedecer. Estos son los muros que protegen la casa común. Cuando caen, entran los bárbaros y, una vez dentro, cuesta generaciones expulsarlos. Cuba, Nicaragua y Venezuela dan cuenta de ello. El sufrimiento ha sido brutal, el costo infinito. Toca aprender de las heridas de estas naciones.

La libertad es paciente, pero nunca se rinde. La libertad no es un tesoro heredado, sino un fuego que debe avivarse cada día. La libertad es la fuerza que convierte a los pueblos en naciones y a los hombres en seres humanos.

Después de la larga y oscura pesadilla chavista que está por terminar, la libertad es la fuerza que pronto dirá presente en Venezuela para iniciar la reconstrucción nacional. América Latina tiene tareas gigantescas pendientes. La primera, vigilar su libertad.

 

 

 

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