Editorial del programa 398 de Razón de Estado
En los últimos 20 años, la libertad ha retrocedido en el mundo. Los ciudadanos de 6 continentes enfrentamos una tendencia persistente y peligrosa que amenaza nuestros derechos y libertades. Este retroceso afecta ya a más del 40% de la población mundial. Esta regresión, más que una coyuntura, es un proceso de degradación política a escala civilizatoria.
Freedom House —la Casa de la Libertad— merece un homenaje por estudiar, exponer y denunciar que nuestras libertades —las que permiten al ciudadano informarse, disentir y defenderse de los abusos del poder— están siendo golpeadas. Las causas son el populismo autoritario, el crimen transnacional, la captura de los sistemas de justicia, los conflictos armados y los ataques de líderes electos contra las instituciones de la democracia y contra la división de poderes.
En América Latina, 6 de nuestros países mejoraron, pero 12 empeoraron. En Venezuela, hasta que no lleguen la democracia y la libertad, su pueblo sigue en manos de una narco-dictadura. Colombia, con el corrupto y mediocre gobierno de Petro, padeció el colapso de la llamada paz total y el repunte de secuestros y homicidios asociados a organizaciones criminales afines a Petro.
En México, antes con AMLO y ahora con Sheinbaum, siguen dando tiros de gracia a la democracia mexicana. Secuestraron el sistema de justicia y están a punto de tomar por asalto el sistema electoral para volver a la dictadura perfecta.
Centroamérica, Brasil, Perú, Ecuador y Bolivia viven en una peligrosa cuerda floja en la que, en cada elección, se juegan su destino al cara o cruz. Mientras sigan teniendo elecciones razonablemente libres, sus pueblos deben luchar por construir democracias de instituciones con división de poderes que les permitan vivir en libertad.
La democracia se defiende con instituciones que resisten y con ciudadanos dispuestos a sostenerlas. Cuando se abandona, la ocupan el caudillo populista, el criminal, el juez domesticado.
La libertad se pierde cuando se normaliza el miedo, cuando se tolera la mentira oficial, cuando se debilita la prensa independiente, cuando la justicia deja de ser juez y se vuelve instrumento, cuando el crimen se sienta a la mesa del poder y cuando las élites miran hacia otro lado creyendo que el incendio no alcanzará sus jardines.
La condición para que el ser humano viva con dignidad pasa por defender la libertad en la plaza, en la prensa, en la universidad, en la empresa, en los tribunales, en la conversación cotidiana.
La libertad está en peligro. Llegó la hora de defenderla.