411. Dionisio Gutiérrez: The Tragedy of the Venezuelan Deadlock

July 13, 2026
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Dionisio Gutiérrez 411

Editorial del programa 411 de Razón de Estado


La tiranía de Caracas ha sido golpeada, el dictador cayó, la verdad del desastre quedó expuesta con brutalidad y, sin embargo, la libertad sigue detenida en un umbral incierto, como si una nación entera estuviera obligada a contemplar la salida sin poder todavía cruzarla.

Esa es la tragedia del impase venezolano. Una transición apenas insinuada. Un Estado tutelado desde fuera. Una mafia todavía incrustada por dentro y, encima de todo, dos terremotos devastadores que vinieron a recordarle al mundo que la naturaleza puede herir, pero que solo una dictadura criminal puede dejar a un país tan indefenso frente al golpe de la desgracia.

Venezuela no llegó vulnerable a esa catástrofe por fatalidad geológica, sino por más de dos décadas de saqueo, corrupción, incompetencia y represión.

Las ruinas no empezaron cuando se abrió la tierra. Ya estaban en los hospitales, en las carreteras, en los edificios mal mantenidos, en las plantas eléctricas arruinadas, en el éxodo de millones, en la miseria administrada y en el derrumbe moral de un aparato de poder que nunca supo construir nada, pero sí perfeccionó el arte de destruirlo todo.

La dictadura chavista ya había convertido al Estado en guarida, a la economía en botín y a la política en persecución. Los terremotos solo terminaron de desnudar su obra. Y, sin embargo, ahí siguen. No ya como proyecto político, que nunca lo fueron, sino como red criminal, como estructura de mando, como mafia de saqueadores y represores que juegan a lo único que saben jugar: ganar tiempo. Ganar tiempo para reordenar sus lealtades, para reorganizar sus negocios, para capturar la ayuda humanitaria, para infiltrar la reconstrucción, para negociar desde la desgracia y, si se les permite, para salir del fango no derrotados, sino reciclados. Esa es la apuesta del régimen remanente: que la ventana de oportunidad se cierre antes de que la libertad termine de abrirse.

Las ventanas, en política, no permanecen abiertas por piedad. Se abren un instante y luego se cierran sobre los pueblos indecisos como se cierra una trampa. La dictadura lo sabe. Por eso retrasa, enturbia, administra, dosifica, militariza y miente. Por eso conserva intactos, o casi, su aparato represivo, sus redes de pillaje y sus mecanismos de chantaje. Por eso intenta convertir la emergencia nacional en una coartada para prolongar su supervivencia. Y por eso resulta tan obsceno que, mientras el pueblo entierra muertos, busca desaparecidos y sobrevive entre ruinas, el régimen esté robando la ayuda humanitaria con esa indecencia de buitre uniformado que siempre florece cuando el crimen gobierna.

 

 

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