395. Dionisio Gutiérrez: The Pillars of Progress

March 23, 2026
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395. Dionisio Gutiérrez: Los pilares del progreso

Editorial del programa 395 de Razón de Estado


Vivimos en un mundo en el que las certezas se han vuelto escasas. Las tensiones geopolíticas se multiplican, las alianzas se recalculan, los conflictos se prolongan. Y, al mismo tiempo, la economía global muestra señales de insuficiencia para generar oportunidades, para sostener expectativas de prosperidad, para ofrecer ingresos dignos a millones de personas que observan cómo el progreso se vuelve promesa distante.

Hoy aparece aquella vieja pregunta de causa y efecto: ¿se tensan las relaciones geopolíticas porque la economía deja de ofrecer prosperidad o se deteriora la economía porque la política no funciona? Política y economía son, desde hace siglos, dos caras de la misma moneda. Cuando una se deteriora, la otra reclama.

Las grandes crisis económicas del pasado provocaron tensiones políticas que terminaron en conflictos. Pero también hemos visto guerras prolongadas y rivalidades estratégicas que destruyen la economía. Así como la política necesita efectividad para tener legitimidad, la economía necesita estabilidad para florecer.

El orden internacional que durante décadas ofreció cierto equilibrio se fragmenta. Las potencias recalculan sus ambiciones, los bloques se reagrupan y los conflictos regionales amenazan con adquirir dimensiones mayores.

En paralelo, la economía global se muestra menos capaz de ofrecer oportunidades con la amplitud que el mundo necesita. El crecimiento se vuelve irregular, los ingresos se estancan y la movilidad social se debilita.

Cuando las sociedades perciben que el sistema ya no cumple su promesa de progreso, aparecen el populismo, el nacionalismo agresivo y los extremos ideológicos que destruyen más de lo que corrigen. 

Al mundo de hoy se vino a sumar una dimensión inédita en la historia humana con la llegada de la inteligencia artificial, que promete multiplicar capacidades, pero también plantea preguntas inquietantes sobre el empleo, los ingresos familiares, el poder tecnológico y el control de la información. Por eso, la incertidumbre sobre cómo será el mundo dentro de diez años es mayor que en cualquier momento de la historia.

En medio de esta complejidad, conviene recordar que las civilizaciones no se sostienen solo por tecnología ni por crecimiento económico. Se sostienen por los valores que han sido siempre los pilares del progreso: la dignidad humana, la libertad, la responsabilidad individual, el respeto por la ley y la convivencia democrática.

Si algo debe guiar esta transición incierta en la que estamos es precisamente la preservación de aquello que nos hace humanos: la capacidad de razonar, de cooperar, de construir libertad y de defender la dignidad de cada persona.

 

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