394. Dionisio Gutiérrez: Dictatorships Seem Eternal Until they are No Longer So

March 16, 2026
FacebookMessengerWhatsappTwitterShare
394. Dionisio Gutiérrez: Las dictaduras parecen eternas hasta que dejan de serlo

Editorial del programa 394 de Razón de Estado


La historia enseña que hay gobiernos que están fuera del pacto básico de la civilización. Son sistemas autoritarios construidos sobre la violencia, el miedo y el desprecio sistemático por la vida. Cuando un poder político asesina a su propia gente, reprime la libertad con brutalidad cotidiana y financia y promueve el terror más allá de sus fronteras, se convierte en un problema moral y político que el mundo no puede ignorar. Es el caso del régimen iraní.

Durante décadas, el poder establecido en Teherán ha gobernado mediante la represión interna y la agresión en el exterior. Dentro de sus fronteras, las protestas son reprimidas con balas, prisión y silencio forzado. La maquinaria del Estado ha sofocado la disidencia, encarcelado a periodistas, perseguido a minorías y reprimido con violencia a mujeres y ciudadanos cuyo único delito ha sido reclamar dignidad y libertad. Fuera de sus fronteras, la brutal teocracia financia, arma y alienta a grupos que practican el terrorismo como instrumento político. Desestabiliza regiones enteras, alimenta conflictos sectarios y utiliza la violencia indirecta como extensión de su política exterior.

El gobierno de los ayatolas se sitúa entre las tiranías más violentas del mundo contemporáneo, por eso, el mundo libre no puede tratarlo como si fuera un interlocutor válido. La eliminación de un régimen así no significa violencia ni caos. Significa reconocer que la estabilidad verdadera no puede construirse sobre el terror. Significa entender que la paz no es la ausencia de conflicto visible, sino la presencia de justicia, ley y libertad.

La historia demuestra que las tiranías terminan cayendo cuando los pueblos pierden el miedo y reclaman su futuro. Este es el momento del pueblo iraní, que durante años ha resistido la represión. Y con las voces de las mujeres que se niegan a aceptar la humillación, los jóvenes que salen a las calles y los trabajadores que exigen justicia, han demostrado que la libertad ya vive en su corazón.

El mundo observa con esperanza. Irán no está condenado a la tiranía. Es una nación de cultura milenaria, de talento humano extraordinario y de profunda tradición intelectual. Un Irán libre podría convertirse en un actor de estabilidad, prosperidad y cooperación en una región que necesita desesperadamente esos valores.

Las dictaduras parecen eternas… hasta el día en que dejan de serlo. Y ese día llega siempre cuando la libertad encuentra el coraje de levantarse.

El futuro de Irán no pertenece a los tiranos. Pertenece a su pueblo. Y cuando ese pueblo abra finalmente las puertas de la libertad, el mundo entero será un mejor lugar.

 

FacebookMessengerWhatsappTwitterShare