229. Dionisio Gutiérrez: Una fábula de hormigas, ovejas y avestruces. Razón de Estado

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229. Dionisio Gutiérrez: Una fábula de hormigas, ovejas y avestruces. Razón de Estado

Editorial del programa Razón de Estado número 229


 

Mi abuela decía que no hay nada tan atrevido como la ignorancia.  

Le gustaban las fábulas y ponía animales como protagonistas. Una vez, me contó una en la que las hormigas son los personajes.

Decía mi abuela que los hormigueros son comunidades perfectas porque cada miembro se sacrifica por el bien común; pero un día, las hormigas se volvieron inteligentes y se organizaron en sectores y en sociedad; y esto, en lugar de elevar el nivel de vida del hormiguero, lo convirtió en una jungla del sálvese quien pueda, todos contra todos, si no estás conmigo estás en mi contra y todo se vale.

La hormiga, capaz de pensar por sí misma se volvió egoísta e incapaz de trabajar en equipo. Decidió que lo que era bueno para el hormiguero no necesariamente lo era para ella. Así, su comunidad dejó de crecer y empezó a sufrir los males del subdesarrollo político y las consecuencias de la inteligencia fracasada.

Las “Redes Sociales” acercan a millones de seres humanos y facilitan el diario vivir de la gente, pero también, separan y enfrentan por la forma irresponsable y oportunista en que muchos las usan. La difamación, el insulto, la desinformación, la mentira son prácticas comunes de grupos y personas que, en realidad, son inservibles para construir naciones.   

Nos dejamos atrapar por modas, ideologías y propaganda, y olvidamos el valor que tienen el pensamiento crítico y la certeza de la verdad. 

En América Latina estamos divididos en sectores, grupos, movimientos, foros, alianzas, cámaras, clubs, asociaciones, identidades y burbujas; que, en muchos casos, no se sabe bien qué son o a quién representan. Cada uno con sus dogmas, discursos y prejuicios, cada uno con datos diferentes; que, además, con fatal arrogancia, hacemos inamovibles.   

Dicen que los ciudadanos libres tenemos siempre la razón porque la democracia, de repente, nos hace listos a todos; pero ¿es cierto eso?

¿Alguna vez hemos cuantificado el daño que nos hacemos unos a otros o el costo de nuestra incapacidad para alcanzar acuerdos?

Algunos dicen que la inteligencia tiene un efecto disociador y que los humanos somos una especie a la que falta refinamiento y evolución.

¿Por qué personas inteligentes hacen cosas estúpidas? 

¿Por qué nos equivocamos tanto cuando elegimos o decidimos en cualquier ámbito de nuestra vida? 

Pero en términos de fábula, hoy, en la política, nos encontramos atrapados por una especie de bestiario moderno que reúne una colección de seres chocantes, más listos que inteligentes y con gran capacidad de destrucción. 

O como dirían de nuestros congresos, reunión de pastores, oveja muerta. Casi convendría que no se reúnan.

A veces, da la impresión de que los políticos sufren de avestrucismo voluntario, pues trabajan para que el sistema no funcione.   

¿Dónde estuvo la inteligencia en los gobiernos que pasaron? ¿Por qué la sociedad fue incapaz de defenderse? ¿Por qué nos engañan tan fácilmente?

Estos son los dilemas que debemos resolver para identificar las grandes oportunidades que hoy, a pesar de todo, tenemos los seres humanos. 

Más allá de hormigas, ovejas y avestruces, con todo y los políticos, seguir creyendo en América Latina y en su gente es la estupidez más inteligente que podemos cometer.     

Así terminaban las fábulas de mi abuela.

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