391. Dionisio Gutiérrez: In the Basements of Power

February 20, 2026
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391. Dionisio Gutiérrez: En los sótanos del poder

Editorial del programa 391 de Razón de Estado


Las dictaduras no mueren de vergüenza, mueren de presión. Y cuando esa presión es firme, sostenida y moralmente clara, el tirano, acostumbrado al látigo y al miedo, ensaya su viejo recurso: la simulación.

La narcotiranía chavista, puesta en jaque por el imperio americano, habla de paz y armonía, pero nadie les cree. Delcy y Jorge Rodríguez, Cabello y Padrino —los criminales de Caracas— pretenden que el mundo crea que aflojan las cadenas del pueblo al que han reprimido, encarcelado y asesinado. ¡Cuánta hipocresía!

El verdugo que sonríe no ha dejado de ser verdugo; solo ha cambiado de gesto. El tirano no renuncia jamás por convicción, solo se repliega por cálculo, por instinto de supervivencia.

Los hermanos muerte, Cabello y Padrino hablan de reformas, mientras en los sótanos del poder, la maquinaria represiva no se desmonta: se ajusta. Las cárceles no se vacían, se reordenan. Los cuerpos de seguridad no se depuran, se instruyen para esperar. Es la pausa estratégica del depredador, no la conversión del culpable.

La historia enseña que las dictaduras fingen apertura cuando el cerco aprieta. Compran tiempo. La narcotiranía chavista está apostando a que Washington se distraiga, se divida en debates internos y olvide la causa. Las dictaduras apuestan a la volatilidad moral de las democracias libres, a su fatiga. Cuando la presión afloja, vuelven al método que conocen: el sometimiento brutal, la persecución sistemática, el crimen de Estado.

Venezuela no necesita discursos cínicos de armonía, necesita libertad real. No requiere gestos calculados; requiere instituciones. No demanda treguas aparentes; exige el fin definitivo del terror.

El mundo libre enfrenta aquí una prueba moral. La prioridad no puede ser la estabilidad ficticia ni la comodidad diplomática. La prioridad debe ser abrir ya los espacios necesarios para que Venezuela vuelva al plan de la libertad, para que la democracia sea reinstalada.

No hay neutralidad posible frente a una dictadura que asesina y simula. O se está del lado de la libertad o se colabora, por omisión, con el opresor. La indulgencia hacia el tirano no es prudencia, es complicidad diferida. Cada día de demora es un día más de miedo para los ciudadanos, un día más de impunidad para los verdugos.

Venezuela, que ha sufrido tanto, merece algo más que pausas tácticas y promesas vacías. Merece el retorno pleno de la libertad, la ley y la dignidad. Y el mundo libre, si quiere seguir llamándose libre, debe hacer de esa causa una prioridad irrenunciable, porque cuando una nación está encarcelada, la conciencia del mundo libre también lo está.

 

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